Educación, senda libertadora
A lo largo de las décadas la pobreza ha sido el obstáculo más absorbente para generar desarrollo en Bolivia, la existencia de muchas causas, como ser la falta de inversión, o la salida obstaculizada hacia el mar, entre otras, han disipado la atención hacia el verdadero origen de esta pobreza; siendo uno de los ámbitos mas descuidados a nivel social y gubernamental, la educación formal en Bolivia, y en si, el sistema educativo planteado es el generador de muchos males que seguimos arrastrando desde la formación de la república. Simón Rodríguez, gran pedagogo venezolano, intentó sacudir a la naciente sociedad boliviana, de las mañas de persistir en una escuela discriminadora y descontextualizada, pero el intento fracasó ya que la inclusión de los niños más pobres en las escuelas representaba convivir en una mezcolanza de clases sociales y económicas imposibles de digerir por los religiosos y aristócratas, claro está, que las razones para oponerse a Rodríguez adoptaron un disfraz moral, que se arrastró y usó por décadas.
La sociedad boliviana tiene como carta de presentación un sistema educativo descontextualizado, aislado de la realidad circundante, donde las enseñanzas impartidas carecen de sentido a la hora de una aplicación práctica en un país que requiere fervientemente de desarrollo, es un sistema educativo que genera desvalorización de la cultura y competitividad dispareja con las grandes potencias, como expresó Iván Illich “la carrera escolar es por lo menos tan absurda como la carrera armamentista” (BAPTISTA 1987:9), es de esta manera que la sociedad no esta habilitada para responder exitosamente a ninguno de los requerimientos de cada ámbito. Para una compresión más amplia, el manejo de la educación en Bolivia se puede comparar con un modelo de comunicación, en este caso, Bolivia se consideraría el receptor, que constantemente recibe mensajes de un emisor que estaría representado por las potencias, que traen consigo un mensaje que contiene información y conocimiento en distintas áreas, tan distintas entre ellas, que carecen de conexión, lo cual convierte a Bolivia en un receptor pasivo, que recibe y ejecuta instrucciones, dejando de lado las consecuencias y el pensar acerca de estas; una teoría próxima a esta realidad, podría ser la teoría del Balde, en la que la fuente contenedora de sabiduría e información vacía todos sus conocimientos en un receptor “ávido” de portar con la misma cantidad de información, pero totalmente descontextualizada, es así que Bolivia aún esta localizada en una comunicación vertical y pasiva.
En un contexto más actual, esta insistente estadía en un modelo educacional importado continúa generando brechas entre clases económicas, la clase económica alta se sumerge en un mundillo, en el que la educación formal, a parte de brindar conocimiento amplio y dominio de idiomas extranjeros, brinda status y categoría; pero que es lo que ocurre cuando este sector “privilegiado” se pone en contacto con la realidad del país, no existe una empatía con las condiciones oscilantes, las cuales son de pobreza la mayor parte del tiempo, entonces el paso lógico es una identificación con culturas extranjeras lo que ahonda mas la desvalorización de la propia cultura, acumulando razones para optar por un autoexilio.
Por otro lado está la clase económica media, caracterizada por el anhelo constante de superación, ha depositado la esperanza en su formación escolar y profesional, llevando a un nivel mayor la dependencia a ser educado; así es que se generan mas profesionales listos para ser catapultados al éxito, pero en la ejecución de su carrera chocan de frente con una realidad que no les permite desplazar el conocimiento adquirido en estas empresas del saber, denominadas universidades. Gran parte de este sector social se adapta pasivamente al sistema y a lo que le depara, entonces es inevitable que este paisaje se vaya tornando mediocre, el país nunca estará al alcance de las peticiones de este sistema educativo ni de los frutos que genere.
De esta manera es que llegamos a la clase económica baja, portadora de grandes frustraciones al no poder adecuarse a una sociedad manejada por un sistema educativo imponente; una mayoría queda bajo la penumbra del analfabetismo o del seudo-alfabetismo en el que es suficiente con conocer, otros apenas y finalizan con el bachillerato el ciclo educacional y unos pocos continúan con una carrera universitaria, para introducirse a la ardua competencia entre letrados en busca de mercados laborales. Tener escasos recursos representa una razón de exclusión más, un profesional de este sector poblacional no logrará ser valorado de la misma manera que uno de clase económica media o alta, siendo que estos no se desenvuelven de manera armoniosa junto al desarrollo social ni al desplazamiento de su conocimiento, entonces la brecha entre la educación de los sectores pobres y la realidad se hace más grande a medida de la falta de recursos.
En cada caso se llegan a dos puntos importantes, una escuela descontextualizada y la desvalorización de la cultura, pero seguimos atado a este sistema educativo, generando resultados desastrosos; señala Freire, y con mucha razón, que la educación debe liberar al individuo de sus preconceptos y sus visiones erróneas de la realidad, Bolivia requiere desesperadamente ser libre de toda atadura sistemática e ideológica, y comenzar a producir profesionales acordes a su estructura y a sus necesidades, capaces de mirar un poco más allá de sus narices, como quién diría, y adentrarse en las problemáticas que tiene el país. Todo esto daría paso al despojo de las ideas madres que operan el sistema educativo, Simón Rodríguez indicaba que “instruir no es educar” (GALEANO 1982:161), los estudiantes de las escuelas y universidades, no son un regimiento que precisa ser instruido para aprender, necesitan ser educados, no atascados de toneladas de información entremezclada de una diversidad de temas, o lo más común, hacer de ellos loros memoriones, que repitan las cantidades industriales de textos científicos, con la esperanza de que la recitación juegue el rol de mediador entre el educador y el aprendizaje del educando.
Retomando el comienzo, existe una estrecha relación entre educación y pobreza que partiría del hecho de que no se puede competir con gente que adquiere conocimientos acorde a sus necesidades y a las de su país, conocimiento que luego tiene la capacidad de ser aplicado al contexto, mientras que en Bolivia continúa la lucha entre el contexto y las conocimientos brindados entre cuatro paredes de una institución, y más allá de eso, luchando aún con la existencia del seudo-alfabetismo; al respecto, Freire señalaba que “el hombre no busca, al intentar aprehender la cultura letrada, la mera repetición de palabras sino que intenta le expresión de su palabra y, por ende, la creación de la cultura misma” (BAPTISTA 1987:141), alfabetizar no es sinónimo de que una persona logre descifrar un conjunto de letras o llegue a escribir su nombre, va más allá de eso, alfabetizar es enseñar a leer y escribir, dos herramientas que usadas de manera adecuada, serían útiles a la hora de la comprensión de una realidad y de elaboración de ideas constructoras, pero una vez mas nos vemos limitados por un aprendizaje lánguido, brindado por grandes campañas contra el analfabetismo, donde gran parte de la población sale con el pescado como gran trofeo, pero sin una idea de la técnica de pesca. Estos intentos se quedan cortos para llegar a una educación igualitaria y contextualizada, “la alfabetización no basta para eliminar la pobreza y que en consecuencia sin un proceso de despegue industrial, serán inútiles cuantas campañas se emprendan” (BAPTISTA 1987:144), el despego de una dependencia fervorosa hacía los países industrializados nos llevaría a la creación de un modelo educativo diferente, uno en el que la participación de las personas en las decisiones del país aportaría en su crecimiento, dejando de lado el papel de estudiantes letrados en conocimientos importados y sin ninguna aplicación realista, o el de la población seudo-alfabeta que no comprende el uso real y poderoso de las herramientas lectoescritoras para salir adelante como país, es decir, ahora tocaría ser parte de la construcción de una nueva Bolivia que mantenga sus raíces intactas.
Es de esta manera que la educación tienen en sus manos el poder de generar desarrollo o estática, los niños y niñas de ahora serán los hombres y mujeres del mañana, que llevarán las riendas de un país, por lo que ya es tiempo de desligarnos de modelos tradicionalistas y pesados que no nos llevan a nada mas que a un retroceso en nuestro desarrollo, dejemos de lado el auto colonialismo que sigue rigiendo las vías por las que transita esta sociedad, seamos parte de una Bolivia que valore sus raíces y destruya por completo los velos entre clases sociales y económicas, es así que la integración debe ser el punto de partida de la elaboración de nuevos sistemas. Es tiempo de que una revolución educativa tome curso en el país, portando la inclusión y la valorización como armas de alto calibre, así es que la construcción de un destino fructuoso para Bolivia dejaría de ser una quimera.
Bibliografía
BAPTISTA, Mariano
1987 Salvemos a Bolivia de la escuela. La Paz. Los amigos del libro.
GALEANO, Eduardo
1982 Memoria del fuego. II Las caras y las máscaras. Madrid. Siglo XXI
FREIRE, Paulo
1970 Pedagogía del oprimido Madrid. Siglo XXI.

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